Quienes siguen este blog (no han de ser muchos, pero aún se cuentan visitas) se habrán dado cuenta de que phosphorus ha dejado de escribir (verdad de Perogrullo). Es que soy feliz. Y la felicidad es enemiga de la escritura.
Hoy soy feliz, pero me siento triste y escribo. Mi psiquiatra piensa que me hace bien. Quizá.
Lo necesitamos todos, los viejitos y todos, talibán. Porque soñar y divagar es la base de vivir, de sobrevivir en medio del espanto de la vida. A mí -he de serle sincera- me sería imposible poder vivir sin sentir el deseo, el propio y el de otro, de otros, de muchos... el mirarme y ver también para sentir la vitalidad más allá de los esquemas, de los parámetros de aquello de lo que mi madre se sentiría orgullosa si alguna vez me vería aplicarlo: de lo políticamente correcto.
Pero mi madre se la pasa rezando rosarios para que la pequeña Phos deje de lado sus Convers blancos cuando se ponga pantalón de gabardina, o espere por norma dos meses antes de aceptar como enamorado a cualquier hombre y busque un buen partido, con futuro, de buena familia y con éxito financiero... pero no, yo no soy ni mucho menos aquello con que mi madre sueña... pobrecita...
Pero no importa eso, eso no importa... importa sentir en cada palabra la vibración sutil que todas las palabras apasionadas nos dejan en los labios sin diferenciar el tipo de fonemas que usemos. Sentir, ese pudor que lo obliga a pedirme que me despida de las letras que ya son mías, de miles, de todos... flotan quizá perdidas entre unos y ceros en la maraña de las cosas complicadas de la alta tecnología. El sexo, señor talibán, no sería posible sin unos y ceros, sin diferencias, sin enredos que se complementan. Creo que divago, creo que divago solo un poco demasiado.
Phos siempre se ha considerado una virgen tardía: 20. Veinte años, sí. Y siempre que lo confiesa ha oído exclamar: “¿En seeriooo???” Sí, en serio. ¿Por qué iba a mentirles? Alguien por allí, menos políticamente correcta, en lugar de estirar las sílabas con cierta cadencia, ha ido directo y ha cambiado la exclamación por una sonrisa de frente y un: “Yo siempre pensé que habías sido más calzón flojo”. Cierto residuo de incredulidad en la mirada. Pero, caray, cada quién sabe a qué rato se hace justicia, ¿no? Además, quien ha tenido chance de meterse entre mis piernas, siempre ha dicho que soy toda una bestia sexual insaciable e increíble...
—Yo fui virgen hasta los 22.
Mi Maquinita de placer lo ha soltado como una confesión repentina –no sé exactamente en qué coyuntura de la charla- mientras maneja mi auto rumbo al motel.
—Tarde, ¿no? —hay una sonrisa de solo cuatro dientes de longitud en su boca y un brillo sobrenatural en sus ojos.
—Y sí. —No puedo ocultar mi desconcierto.
Unas horas más tarde me miraría desnuda en el espejo del techo y vería su cuerpo junto al mío, sentiría la humedad enfriándose en las sábanas… “Sí, siempre es mejor el auto con menor kilometraje… aunque igual va de octava mano… pero es poco”.
Ah, punto G, Punto G, San Punto G, Santo Punto G… me hacían falta tus dedos alrededor de mi clítoris y localizando los rincones de mis cavernas para hacerme explotar a chorros en minutos, con la inusitada sorpresa de hallarme derramada con la ropa puesta y apenas una mano ajena por debajo de mis pantalones.
Dentro, mientras llamaba a un taxi por teléfono y te veía sonreír, muy cerca, frente a mí, jugabas a que tus dedos me descubrieran en la oscuridad debajo de mi calzoncito, localizado en el radar de tus ojos por un costado de mi mameluco. Había sido una tarde de aventuras infantiles en el cine y una noche de reunión con viejos amigos. Habíamos decidido perder la noche charlando en la sala de mi casa hasta que la hora nos hizo pensar en la llamada para que te fueras a dormir decentemente hasta tu casa. Pero esa noche me daría la increíble y feliz historia de un derrame de placeres en la palma de tu mano.
Apenas me distraje de la llamada que pedía mis datos personales para enviarme un auto para que te alejara de mí cuando tu mano se deslizó sin desabotonar nada por dentro de mi pantalón: tela basta y cortes flojos, un pantalón de fin de semana con su pechera y sus tirantes cruzados. Solo te regresé a ver cuando tu mano se coló dentro de mi ropa interior mientras esperaba la respuesta de la operadora. Y tus labios succionaron mi boca en un beso que me estremeció de placer. Mientras tanto, tus dedos exploraban cada doblez de mis labios inferiores como tu lengua lo hacía también a ciegas en mi boca.
Te abriste camino entre mis pliegues húmedos y rodeaste mi clítoris en un roce que me hizo estremecer. Pero no te bastaría eso. Casi sin esfuerzo y como si solo acariciaras mis mejillas, te colaste en mi interior con habilidad y empezaste a seguir las descargas eléctricas de mis previas al orgasmo con esas contracciones que tus dedos sacaban de mi pubis. Llegaste hasta el secreto de mis humedales para tocarlo con la fiereza necesaria para arrancarme un gemido que la operadora habrá escuchado en sus audífonos mientras pedía una unidad en el sector por su radio a los choferes confederados.
Tras la confirmación de que tan solo nos quedaban 6 minutos, cambiaste de posición sin salir de mi cuerpo para abrazarme por detrás y besar mi cuello. No pude evitar tomar tu mano y apretarla contra mí para que siguieras con el brío que marcaba el compás acelerado de mi corazón y los latidos de mi vulva irrigada y violenta. Tus dedos, la palma de tu mano talentosa… sentí que me ponía tiesa y sensible hasta que la ansiedad saturó mis glándulas y descontrolada de placer me corrí con fuerza en una explosión de chorros y chorros que parecía no acabar mientras tu mano disminuía su ritmo y tu risa reventaba en mis oídos. Mi ropa se mojó y las gotas corrieron por mis piernas gracias a la ley de la gravedad. Mis piernas flaquearon ante el orgasmo máximo mientras un aullido ahogado se escapaba por mi boca temblorosa y mis dientes chocaban entre sí estremecidos.
Encontré las palabras que me han faltado pronunciadas por el recuerdo de un diálogo de cine recordado entre las neblinas de una Amaranta que empalidece junto a Betty Blue (www.amarantaempalidece.blogspot.com)
"- Sabes que tengo a Nicolas en mi vientre!!!
- Y qué opina Zorg?
- Está muy contento…
- ¿Qué harás?
- Ser mamá
Hasta que Betty se dio cuenta de que no estaba embarazada…"
Y se me escurrió, como un hilito de sangre entre las piernas mi Cachorro, perdido, triste, aterrado por la muerte tan ansiada... The magic has been broken me ha dicho en silencio.